El abuelo acompañó a Poncho en su primer día, un día nublado de septiembre. Al llegar, observaron las enormes paredes, una fortaleza impenetrable. Las puertas de metal oxidado se abrieron, anunciaban la llegada de los nuevos con un rechinar estremecedor. Lo animó a entrar, le dijo a Poncho que le iría bien, que pronto regresaría por el.
Adentro todo era gris, sórdido. El patio, una capa de cemento agrietado que cubría la tierra. Las celdas, construcciones de bloques perfectamente alineados, escupían la mezcla que los unía. Las puertas y ventanas con protecciones de metal barnizadas en tonos plata. La raquítica vegetación, vestida de polvo, era el único adorno.
Una voz áspera ordenó formarse, ¿cómo lo debía hacer?, Poncho no tenía la mínima idea. La colmena de gente avanzaba de un lado a otro, todos con el mismo uniforme. De repente completa estática, filas e hileras alineadas. Alguien lo tomó del brazo, quizás un guardia, lo llevó donde estaban otros y le dijo con tono fúrico: ¡aquí será tu lugar!. Tenía miedo, rodeado por diferentes caras, rostros de desesperación, de angustia, de intriga. Algunos platicaban entre susurros, tal vez planeaban cómo escapar. El guardia se percató de sus secretos de inmediato los aparto del resto.
Aguantaba las ganas de llorar, sus ojos cristalinos lo delataban. Escuchó música, una música que conocía perfectamente, la de la bandera, la de la escolta. Se tranquilizó, le resultaba familiar. Se pregunto a si mismo: ¿cómo era posible que un lugar así escucharan esa música?. Mami le dijo que iría a una nueva escuela por ser ahora un niño más grande y que entraría a la Primaria. ¿Mami lo había engañado?, ¿se abría portado mal y ese sería su castigo?, ¿dónde estaban el carrusel, la resbaladilla y los columpios?, un torbellino de dudas invadió sus pensamientos.
El guardia condujo a varios presos a una de las celdas, un cuarto frío con vidrios rotos. Gigantes sillas de metal los esperaban como fantasmas con filo espectral. ¿Dónde estaban los dibujos, las letras y los números que tanto le gustaban?, extrañaba su sillita y su mesita, ¿podría ser esto una escuela?
Esta es la historia de cómo inició mi aventura en la primaria pública: totalmente gris. Me sentía como en una prisión...
imagen de caracter ilustrativo, sin otro fin, tomada del sitio: http://www.educima.com/dibujo-para-colorear-los-ninos-no-pueden-ir-a-la-carcel-i23397.html
