Coloqué los grilletes en mis tobillos. Iluso, creí soportar la carga tumultuosa de memorias, de imágenes, de mis acciones. Los pecados inmolaron mi cuerpo, se incineraron mis alas. Soberbia, traición, codicia y rencor se volvieron contra mi, antiguos servidores. El eco de los recuerdos, cual taladro perfora mi corazón y cerebro, no cesa, sigue mutilandome. No puedo ver más allá, un resplandor púrpura quema mis ojos. Merezco castigo, imagino y vivo mi propia pesadilla. Totalmente podrido.
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